
El domingo 28, día de la Solemnidad de Pentecostés, de la mano de María hemos comenzado las celebraciones de las Primeras Comuniones en nuestra Parroquia.

El domingo 28, día de la Solemnidad de Pentecostés, de la mano de María hemos comenzado las celebraciones de las Primeras Comuniones en nuestra Parroquia.

A petición del Subsecretario del Sínodo, la Vicaría de A Coruña ha dispuesto la celebración de una oración mariana el día 31 de Mayo a las 7h de la tarde en el Santuario de Santa María de Pastoriza (Arteixo) en preparación de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. El objetivo de esta vigilia de oración es triple: orar por el camino sinodal, tomar mayor conciencia de la importancia del proceso sinodal en curso y acompañarlo con una actitud orante.



En la Eucaristía del domingo, día 7, niñas y niños de la catequesis depositaron a los pies de la Virgen una ofrenda de flores y una oración.

El domingo, día 7 de mayo, en la Misa de las 12:30h., los niños y niñas con sus catequistas y las personas adultas que lo deseen, harán una ofrenda de flores a nuestra Madre María, le presentarán unas peticiones personales que depositarán ante su imagen y todos juntos entonarán cánticos y alabanzas a la Virgen María encomendándole de forma especial a todas las madres.

En una ocasión, al entrar el Cura de Ars (S. Juan María Vianney) en la iglesia parroquial, vio a una mujer llorando. Se dirigió a ella e iluminado por Dios, le dijo: Vuestra oración, señora, ha sido oída. Vuestro marido se ha salvado. La mujer no salía de su asombro ante esas palabras, porque su marido no había sido practicante de la religión y su muerte fue repentina. El Cura de Ars añadió: Acordaos de que un mes antes de morir, cogió de su jardín la rosa más bella y os dijo: “Llévala a la imagen de la Virgen Santísima”. Ella no lo ha olvidado.
“La misión maternal de la Virgen empuja al Pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a Aquella que está siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso el Pueblo de Dios la invoca como “Consoladora de los afligidos, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores”, para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora en el pecado. Y, hay que afirmarlo nuevamente, dicha liberación del pecado es la condición necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas.
La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar los ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos”
(S.PABLO VI: Exhortación apostólica “Marialis cultus”, nn.56-57)