Había una vez un enfermo que, desde hacía años, se lamentaba de que tenía un gato en el estómago. Una tarde lo llevaron de urgencias a la sala de operaciones por un imprevisto ataque grave de apendicitis. El cirujano, de acuerdo con el psiquiatra, decidió que era el momento adecuado para curarlo de aquella idea fija del gato.
Apenas el paciente se despertó de la anestesia, le mostró un gato negro diciéndole: “Mire, ¡ finalmente le hemos quitado el gato!”.
“ ¡Pero no puede ser!”, gritó el enfermo. “Os habéis equivocado: ¡era blanco!”.
Tenía razón Albert Einstein: “Es más fácil dividir un átomo que un prejuicio”.
(Pino Pellegrino: “La tienda del alma”)
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Alejandro (ocho años) nos cuenta: “Cuando voy al mar con mi papá entro hasta donde no se hace pie.
Él me dice: “¡Quédate tumbado!”. Yo me sostengo en sus brazos y no tengo miedo, aunque esté sobre aquel mar inmenso”.
El padre de Alejandro (aunque no se dé cuenta) habla de Dios al hijo. Le hace experimentar que hay alguien en el cual podemos abandonarnos. Gracias a esta experiencia marina, Alejandro podrá decir, como el místico Charles deFoucauld: “Padre, ¡me pongo en tus manos!”.
Estabas como la estrella que nunca baila
de madrugada y haciendo guardia,
besando fuerte tus coordenadas.
Estabas como el latido que nunca para,
como la rosa que no se marcha
cuando el invierno sin luz se alarga.
Estabas como la Madre de Dios,
estabas como la nana que susurrabas
y nunca para.
A la hora de la espada,
cuando el miedo nos alcanza,
una Madre y un madero,
con su Niño cara a cara,
con sus lágrimas le abraza,
y otro fiat se levanta
cuando cruzan las miradas.
A la hora de la espada,
cuando el cielo nos araña
y se borran tantas huellas
en la orilla de la playa,
tu silencio y tu presencia
dicen más que mil palabras
porque estar como tú estabas
es el verbo del que ama.
Estabas como la estrella que nunca baila
de madrugada y haciendo guardia,
besando fuerte tus coordenadas.
Estabas como el latido que nunca para,
como la rosa que no se marcha
cuando el invierno sin luz se alarga.
Estabas como la Madre de Dios,
estabas como la nana que susurrabas
y nunca para.
A la hora de la espada,
cuando el miedo nos alcanza,
una Madre y un madero,
con su Niño cara a cara,
con sus lágrimas le abraza,
y otro fiat se levanta
cuando cruzan las miradas.
A la hora de la espada,
cuando el cielo nos araña
y se borran tantas huellas
en la orilla de la playa,
tu silencio y tu presencia
dicen más que mil palabras
porque estar como tú estabas
es el verbo del que ama.
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En la Catequesis de hoy meditamos con las familias los momentos y sufrimientos vividos por Jesús desde que fue hecho prisionero hasta su muerte en la cruz y posterior resurrección. Caminar el «camino de la cruz» nos ayuda a hermanarnos más con Jesús para poder resucitar como Él.
Publicado enParroquia|EtiquetadoJesús, Vía Crucis|Comentarios desactivados en Vía Crucis en la Catequesis
Los templos de las diócesis del mundo se vuelven a unir en la jornada «24 horas para el Señor». Se trata de una invitación del papa Francisco para vivir un encuentro con el Señor y propiciar la reconciliación con Él a través del sacramento de la penitencia. Un carácter penitencial que marca el lema de cada año y que en esta ocasión será: “Ten piedad de mí, que soy un pecador” (Lc 18,13).
Nuestra Parroquia se une a esta llamada el viernes, 24 de marzo, desde las 17:45h. hasta las 18:45h. Tendremos Exposición del Santísimo con la posibilidad, quien lo desee, de recibir el Sacramento de la Penitencia.