
El domingo, 26 de julio, recibió por primera vez a Jesús Sacramentado un niño de nuestra catequesis, nos unimos a él y a su familia en la alegría y la acción de gracias a Dios.




El domingo, 26 de julio, recibió por primera vez a Jesús Sacramentado un niño de nuestra catequesis, nos unimos a él y a su familia en la alegría y la acción de gracias a Dios.



Santiago de Compostela, 25 de julio de 2020.
+ Julián, Arzobispo de Santiago.
+ Luis, Obispo de Tui-Vigo.
+ Alfonso, Obispo de Lugo.
+ José Leonardo, Obispo de Ourense.
+Luis Ángel cmf, Obispo de Mondoñedo-Ferrol.

Había una vez un padre que era molestado continuamente en su trabajo por el hijo de seis años. Para tener una media hora de paz, tomó de un viejo atlas una hoja donde estaba representado todo el mundo, con los Estados, las ciudades, los montes… Lo partió en pequeños pedazos y se lo dio a su hijito para que los colocara cada uno en su lugar.
“¡Empleará mucho tiempo!”, pensó.
Pero ¡nada!, a los pocos minutos el pequeño volvió con el mundo reconstruido perfectamente.
“¿Cómo has podido hacerlo, tan deprisa?”.
“Muy fácil, papá: por el revés estaba dibujado un hombre. He puesto en orden a esa figura, ¡y el mundo ha quedado en su sitio por sí solo!”.

¿Quiénes son los destinatarios de la Unción de Enfermos?
Cualquier cristiano en situación de debilidad corporal por causa de la enfermedad, o porque debe someterse a una operación, o por causa de su edad…Pide a Dios que le dé fuerza, la gracia, la bendición en este momento de debilidad del cuerpo, para que le retorne la salud y sobre todo le dé fuerza interior para superar y vivir con esperanza esta situación. No se debe esperar a recibirlo en el último momento, sino pedirlo cuando pueda celebrarse con lucidez, serenidad y con la confianza de vivir todavía el tiempo que Dios quiera.
Por lo tanto, puede recibirse más de una vez, siempre y cuando lo justifique una nueva situación de enfermedad, o el cambio de estado por el paso del tiempo, o un empeoramiento relevante de la salud.
¿Qué da la Unción de Enfermos?
Las palabras que pronuncia el sacerdote, muy significativas

“Señor, enséñame a compartir. Compartir tu Amor con mis amigos y enemigos, con mis familiares y con quienes se encuentran solos. Haz que sepa compartir la silla en la que me ha tocado sentarme en esta sociedad y, también, cederla en el momento preciso. ¡Señor, qué hermoso es compartir las alegrías de todo el mundo! ¡Qué consuelo es poder compartir la tristeza! Y compartir lo que sé, lo que soy y lo que tengo. ¡Señor, cómo cuesta compartir…!”
En el libro de los Hechos (4,35) leemos: “se repartía a cada uno según sus necesidades.”