El padre Marcelino testificó que, cuando lavaba las manos del Padre Pío, tenía que hacerlo una a una, con el fin de que el Padre Pío, que nunca quería soltar su rosario, pudiera tenerlo siempre al menos en una de ellas. El 6 de febrero de 1954, el Padre Pío le comentó al padre Carmelo: “Todavía tengo que rezar hoy dos rosarios He rezado ya 34. Después, me iré a la cama”.
El padre Mariano le preguntó un día que cuántos rosarios rezaba diariamente: “Cerca de 30. Tal vez algunos más, pero no menos”. Asombrado ante aquella respuesta, Mariano le preguntó: “¿Cómo lo haces?”. “¿Y para qué te crees que está la noche?”- respondió el Santo-.
Una mañana, alrededor de las 7:00 a.m. después de la Misa, el Padre Pío preguntó a la devota Lucía Pennelli que cuántos rosarios había rezado. Cuando la señora respondió que siete, el Santo le dijo: “Pues yo ya llevo 16”.
El padre Alessio Parente le preguntó al Padre Pío por qué rezaba constantemente el rosario y no otras oraciones.
El Padre Pío respondió: “Porque la Virgen nunca me niega nada de lo que le pido a través de la oración del rosario”.
(Laureano Benítez Grande-Caballero: Historias del Padre Pío)












