
















El día 8 de julio hemos comenzado en nuestra Parroquia la novena a Nuestra Señora del Carmen. La rezamos todos los días antes de la celebración diaria de la eucaristía para terminarla el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen.

¿Por qué algunos hombres
fruncen el ceño, aunque luzca el sol
mientras otros consiguen
silbar bajo la lluvia?
¿Por qué hay hombres que,
apenas abren los ojos,
ven siempre algo de través?
Esto sucede porque
tienen una idea falsa
del sentido de la vida
y de las cosas.
Tienen necesidad de Dios,
no como Ser vago e impersonal,
lejano en los cielos,
sino como un amigo querido,
como un padre muy cercano.
Un íntimo contacto con Dios
cambia la mirada de los hombres sobre las cosas
y cada mañana renueva el corazón.
(Phil Bosmans: “la alegría de vivir”.)

Un rico labrador que veía próxima su muerte, llamó a sus hijos aparte para hablarles sin testigos.
¡Guardaos muy bien – les dice- de vender vuestra heredad, legada por nuestros abuelos! Un tesoro se oculta en su entraña, aunque ignoro su sitio. Mas, con un poco de esfuerzo, conseguiréis encontrarlo. Pasada la cosecha, removed vuestro campo, cavadlo e arriba abajo, sin dejar un palmo que no muevan vuestras palas.
Murió el padre, y los hijos cavaron el campo de abajo arriba, y con tal ahínco que, al año siguiente, la cosecha fue más grande. Dinero no encontraron porque no lo había. Pero su padre fue un sabio, enseñándoles antes de morir que el trabajo es un tesoro.
(Jean de la FONTAINE)

El sacerdote y periodista Javier M. Suescun, recoge en un libro ( “ Me aburro en Misa”, ed. San Pablo,2000) las razones que le dio a un joven para ir a Misa. Le escribió seis. Pueden ayudarnos.
Cuarta razón: la Misa es un tiempo privilegiado para escuchar la Palabra de Dios.
¿Estarás de acuerdo conmigo en que ser cristiano es ser discípulo de Jesús, proseguir su casusa y su práctica? Te lo pregunto tan abiertamente porque hay algunos que piensan que ser cristiano es “creer en algo”, “rezar por las noches o al levantarse por la mañana”, “comportarse bien con la gente”, “acudir a Dios cuando le necesitamos”, “ser devoto de tal imagen de la Virgen”, “defender a los curas” …
La cuestión que, consiguientemente, planteo es: ¿Puede un discípulo seguir a su maestro sin conocer lo que hizo y dijo, sin escucharle con frecuencia?
Pues bien, la misa es el momento privilegiado en el que los cristianos escuchamos lo que nos dice nuestro Maestro y Señor. Sólo así sabemos cómo tenemos que vivir y actuar.
En la Eucaristía, Cristo resucitado – por tanto, vivo hoy- viene a nuestro encuentro para hablarnos y darse a conocer.
Ciertamente, no es el único lugar en el que podemos escucharle, pero es el momento privilegiado que Él quiso para dejarnos su palabra. En la misa nos habla Jesús como lo hizo en la Última Cena con sus discípulos. Es como si todos sus seguidores estuviéramos a sus pies escuchándole, como María en Betania.
Y yo, siempre dispuesto a entrar a tus preguntas, respondo:
(Continuará)

Era una mujer que tenía mucho genio. Un día quiso dárselo a alguien porque no le gustaba el genio que tenía. Buscó por todas partes a alguien a quien se le hubiera perdido el genio; ella le regalaba el suyo.
Paseó por muchas ciudades de la tierra, pregonó que quería regalar su genio; sólo quería a cambio otro sin exigir dinero a cambio. Estaba harta de su genio. Anhelaba tener otro genio mejor. Quería conseguir que la gente se acercase a ella por tener buen genio. Pero no lo consiguió.
Después de muchos años, intentando regalar su genio a quien lo quisiese, por fin desistió. Se dio cuenta poco a poco, de que cada cual tiene su genio que tiene que moldear y educar. Que tiene que hacerlo más bueno para poder convivir con otros genios diferentes al nuestro.
Aprendió que cada cual tiene su genio y que, cuando queremos entregar el nuestro a otra persona, ella ya tiene el suyo. Entendió que, de la aceptación del propio genio, brota la paz. Que es necesario transformar nuestro genio en entrega y servicialidad. Que a veces, cuando nos enfadamos con genio, no es tan malo si lo hacemos por amor y por hacer el bien. Pero lo más importante es vivir con el genio en paz.
(Francisco Cerro Chaves: “Cuéntame…para ser libre”. Ed. Monte Carmelo)

El sacerdote y periodista recoge en un libro (“Me aburro en Misa”, ed. San Pablo,2000) las razones que le dio a un joven para ir a Misa. Le escribió seis. Pueden ayudarnos.
Tercera razón: Ir a Misa es encontrarse con Cristo y encontrarse sus seguidores entre sí.
Cuando vas a misa no vas a cumplir con una obligación o con una tradición. Quizá algunos vayan por eso. Allá ellos.
En la misa nos encontramos con Jesús, vivo: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre allí estoy yo”. Hablamos con Él, estamos con Él, le comunicamos lo que somos y hacemos…
En este encuentro recibimos fuerza, ilusión y ánimo para luchar, para pasar de la indiferencia a la solidaridad, del individualismo a la entrega a los demás. Jesús nos calienta el corazón, como lo hizo con los discípulos de Emaús.
Nos encontramos, además, con todos los compañeros de fe, con los que intentan caminar por el sendero trazado por Jesús: el niño, el joven, el adulto y la persona mayor. Si consultas el diccionario, comprobarás que la palabra “compañero”, procede de “pan”. El compañero es el que comparte el pan, el que come el pan con. La Eucaristía nos reúne con los compañeros de fe y nos hace más compañeros, más hermanos.
(Continuará)