El pueblo de Israel hizo una larga peregrinación para pasar de la esclavitud de Egipto a la libertad de la Tierra prometida. La vida de Cristo fue una peregrinación por los caminos de este mundo hasta volver al Padre. También se dice de la Iglesia que, mientras vive en el exilio de esta tierra, “avanza peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” (San Agustín). Por ello, los cristianos a menudo hacemos peregrinaciones. Salimos de nuestro propio refugio y caminamos, movidos por la fe, con la Palabra de Dios como norte, la oración en los labios y dejando a cada paso una huella de conversión, hasta que llegamos a un santuario. Allá descansamos, bajo la acción benéfica de los sacramentos y de la oración. Luego, renovados interiormente, regresamos a nuestro hogar, más fortalecidos con los dones de la gracia de Dios.
Peregrinar se convierte, así, en un acto de piedad, una expresión intensa de lo que es toda la vida cristiana y un estímulo para dar más claro testimonio de Cristo y de su Evangelio, para que todos escuchen la llamada a avanzar hacia Dios a través de la peregrinación de la fe.
Durante esta semana recordamos la necesidad de trabajar por la unión de todos los cristianos y, junto a este esfuerzo, no podemos olvidar la oración insistente.
La Madre TERESA y el Hermano ROGER decían:
“Ambos nos sentimos interpelados por los sufrimientos de nuestro mundo contemporáneo. Ante esta herida de la humanidad, las divisiones entre cristianos nos resultan insoportables. ¿Renunciaremos a nuestras separaciones, liberándonos unos a tros de nuestros miedos? ¿Para qué buscar, en los desacuerdos, quién tuvo la razón y quién no la tuvo?
¿En nuestra búsqueda de reconciliación, aprenderemos cómo aportar lo mejor de nosotros mismos y cómo acoger lo mejor del otro, amándonos unos a otros como Jesús nos ama?”
Después del rito de la paz, el sacerdote toma el pan consagrado y lo parte sobre la patena.
Primer significado: el Cuerpo “entregado roto” de Cristo. El pan que vamos a recibir es el Cuerpo de Cristo entregado a la muerte, el Cuerpo roto hasta la última donación, en la Cruz.Segundo significado: por la fracción de un solo pan se pone de manifiesto la unidad de los fieles. Todos comemos del mismo pan. Y se manifiesta la caridad porque un solo pan se distribuye entre hermanos
Elementary Pupil Wearing Uniform Raises Hand To Answer Question As Female Teacher Reads Book
La maestra está dando la lección sobre los inventos modernos en la Escuela primaria (la vieja Escuela elemental). Para asegurarse que los alumnos han entendido, pregunta: “¿Quién de vosotros sabría decirme algo importante que no existía hace cuarenta años?”.
Enseguida un muchachito del segundo banco levanta la mano y responde: “¡Yo!”.
Los hebreos dicen que del paraíso nos han quedado tres cosas: las estrellas, las flores y los niños.
¡Dios mismo quiso comenzar como un niño!
(Pino Pellegrino: La tienda del alma)
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Hacer inclinación es el gesto con el que manifestamos la reverencia y el honor que tributamos a las personas o a sus signos. Por ello, a menudo, la expresión hacer reverencia tiene el mismo sentido.
La inclinación se puede hacer bajando sólo la cabeza. Entonces se la llama inclinación de cabeza. Es la que se hace cuando se nombran juntas las tres divinas Personas y cuando se pronuncia el nombre de Jesús, de la Virgen María y del santo del que se hace memoria en una celebración litúrgica.
La inclinación se llama de cuerpo o profunda cuando se hace a partir de la cintura. Es la inclinación que se hace al altar; es la que hace el sacerdote al decir determinadas oraciones con las que personalmente se prepara, por ejemplo, para leer el Evangelio o para empezar la plegaria eucarística. También con una inclinación profunda el diácono pide la bendición para proclamar el Evangelio. Igualmente, cuando se recita el Credo, se hace dicha inclinación a las palabras: “Y, por obra del Espíritu Santo, se encarnó de la Virgen María”. Son gestos tan sencillos como impregnados de sentido religioso.
(Centro de Pastoral litúrgica)
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La celebración de esta Jornada es un momento privilegiado para concienciar a los niños cristianos de la desigualdad que se da entre ellos y los más pobres. Desde ahí, hay que mover a la solidaridad y a la práctica de la caridad fraterna. Así lo expresaba el Papa San Juan Pablo II en enero de 1995 en un mensaje a los niños:
“Sé que cada año ponéis en común lo que tenéis y asistís material y espiritualmente a los niños del mundo. La Iglesia está muy contenta por eso: que niños y muchachos se ayuden unos a otros. Es bellísimo que, en una familia de hermanos, todos se amen desde pequeños. Os alabo por esto y os aliento: ¡sed misioneros siempre y en todo lugar!
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